Del paisaje

Pepe Betancort

Del paisaje como necesidad (Ante la barbarie del incendio de Tenerife)

Buena parte de nuestro pensamiento artístico y literario en Canarias se fundamenta y no puede ser entendido sin nuestra especial e intrahistórica relación emocional con el paisaje insular. Incluso antes de que las Islas fueran una realidad geográfica constatable, ya la tradición grecolatina se había adelantado a imaginarnos y dibujarnos como un territorio extraño y maravilloso en medio de un misterioso Océano. Y para eso, como no podía ser de otra manera, la literatura clásica nos bautizó con pomposas denominaciones como “Islas Afortunadas”, “Campos Elíseos” o “Jardín de las Hespérides”.
Sin embargo, pese a que llevamos sobre nuestros hombros más de veinticinco siglos de tradición paisajística, empeñada en recrear, poetizar o convertir estas islas en un “locus amoenus”, nuestro transitar humano y cotidiano sobre ellas ha sido otro. En lugar de cuidar y mimar el solar insular, nos hemos convertido en unos auténticos depredadores territoriales. Somos unos despreciables e irresponsables habitantes de unas Islas que ya no son afortunadas, abocadas sólo a maldiciones y desdichas, como rezan las famosas “Endechas a Guillén Peraza”.
El daño y el deterioro que la propia ciudadanía canaria ha hecho a nuestra tierra ha sido nuestro propio castigo o nuestra tumba más vergonzosa.Y nuestra ceguera e impasividad ante este deterioro empieza ya a definirnos como unos habitantes que definitivamente no quieren a su tierra, sino que obedecemos a otros oscuros intereses, que nada tienen que ver con la conservación y la preservación medioambiental.
Ver el incendio de la masa forestal de Tenerife en este verano infernal de 2023 y saber que este ha sido provocado presuntamente por habitantes o residentes de la isla, me sume en una profunda tristeza y una gran decepción. Me cuesta entender que alguien que se diga o se sienta como una persona canaria puede hacer una cosa así. La forma en que estas peñas aisladas son maltratadas y destruidas por nosotr@s mism@s es de una vileza inconmensurable e injustificable.
Todo lo que el Arte y las Letras se han empeñado en llamar paraíso ha ardido impertérritamente ante nuestros ojos, sin que hayamos encontrado consuelo alguno, salvo la esperanza de que esto terminase pronto o no vuelva a suceder.
Estamos acabando, irremediablemente, con Canarias y su territorio. Un territorio que es crucial para nuestra definición e identidad insular. Somos paisaje, somos territorio, somos isla. Destruir esa realidad equivale a aniquilarnos.

 

Texto e ilustración: Pepe Betancort

Tacoronte, 2017
Serie “Antropología de un asesinato”
óleo sobre lienzo
100 x 100 cm.