MONTAÑA DE TINAMALA, Cantera y localización de cine

Luis Miguel Coloma

Durante más de quince años se estuvo extrayendo canto rojo de la montaña de Tinamala, en Guatiza. Hasta que introdujeron el bloque. En 1987 acogió escenas del rodaje sueco de la ópera Aida.

Hacia mitad de los años 50 se empezó a extraer canto rojo de la montaña de Guatiza. Perteneció y sigue siendo propiedad de Isaías Fernández Cejudo, quien con su hermano Juan y la colaboración de Jesús Soto, la pusieron a funcionar gracias a una máquina cortadora ideada y desarrollada por el que fuera genial colaborador de César Manrique. Con este material se ha construido medio Arrecife, entre otras cosas…
“Estuvo funcionando unos quince años. Primero la de arriba, en la que también se construyó un aljibe para aprovecharla recogiendo agua, y posteriormente la que se encuentra en primer término al llegar. Allí trabajaron unas ocho o diez personas. Su labor consistía en perfeccionar o corregir el corte que hacía la máquina de algunos cantos, además de cargarlos en los camiones… Aquello daba para vivir”, explica Isaías.
Hacia mitad de los 60, cuando introdujeron en la isla el bloque, cayó la demanda de canto rojo y “la cantera acabó cerrando a principios de los 70. Sin embargo, unos pedidos hicieron que retomara temporalmente su actividad. La reforma del Convento de Santo Domingo, en Teguise, el Hotel Meliá Salinas y también para Caleta de Famara”, apunta.
Acabada la demanda del material, comenzó a interesar el enclave. En 1987 la cantera grande se convirtió en un gran templo egipcio de quince metros de altura. En ella, (además de en otras localizaciones de la isla), se rodaron escenas de una versión cinematográfica de la ópera Aida, de Verdi. Una película con 150 millones de pesetas de presupuesto (900.000 euros), dirigida por el sueco Claes Fellbom, al frente de un equipo de la Folkoperan (compañía de ópera Popular de Estocolmo), y con más de un centenar de extras seleccionados entre los residentes en la isla.

MÁS 30 años de silencio
La gente de Guatiza la conoce como 'el chinero'. De aquí se sacó piedra para asfaltar las carreteras de media isla, y estuvo funcionando hasta los años 80.
El chinero de Guatiza es el legado silencioso de otro tiempo y otra medida de las cosas. De allí sacaba piedra todo el que la necesitaba. Igual que del campo o de la playa. Eras público... Pero llegaron los años 50 y el turismo, y había que hacer carreteras porque sólo había en Lanzarote pistas de tierra. Por aquel entonces, los hermanos Juan e Isaías Fernández Cejudo tenían un camión y le ofrecieron al Cabildo transportar piedra para los trabajos de asfaltado.
“No había permisos burocráticos, ni contratos, ni hacían falta... Se hablaba. Tú necesitas esto, yo te lo proporciono”, explica Isaías sonriendo mientras busca en su memoria. “Trabajaban tres o cuatro hombres -añade-, seleccionando la piedra a mano y cargándolas en cestas de palma al camión”.
“Estuvo funcionando bien -relata- hasta que pusieron la primera machacadora. Ésta no tuvo éxito porque no tenía apenas demanda. Lo que ellos vendían la gente lo tomaba gratis... Hasta que prohibieron recoger cantos de la playa para construcción”. “Al principio todo era fácil. No había que picar la montaña. Bastaba con recoger de la base y caía más, como cuando haces un hoyo en la arena seca. Pero las necesidades fueron aumentando y el Cabildo puso un camión con una criba de tambor, que seleccionaba piedra de distintos grosores y que hoy permanece allí roído por el óxido y los años”.

De allí salió la carretera de Arrecife a Tahíche, y también la de allí a Órzola. Se utilizó a su vez para hacer la Avenida de las Playas de Puerto del Carmen. Luego, cuando tocó construir las carreteras del sur y del oeste de la isla, se habilitó una cantera similar cerca de Masdache.
Poco después, Isaías compró con con su socio, Manuel Nieves, una criba mayor, con cinta transportadora que separaba y canalizaba la piedra según el tamaño. “La construyó un ingeniero alemán que vivía en Las Palmas. Nos costó... no llegó a 200.000 pesetas (1.200 euros). En verdad era muy sencilla. Tenía un motor de unos tres caballos y estuvo funcionando unos cuatro años. Se amortizó... No se ganaba mucho dinero, pero bastó”.
Casi a principios de los 80 ya había tres machacadoras, casi todas las carreteras estaban ya hechas y dejó de hacer falta. Isaías empezó a explotar la cantera de canto rojo del otro lado de la montaña, y el chinero quedó en el olvido.

 

Texto y fotos: Luis Miguel Coloma